Protector solar, brumas refrescantes o geles con efecto frío forman parte del ritual habitual del verano. La atención suele centrarse en proteger la piel del sol, pero hay otro factor de exposición que también aumenta durante las vacaciones: el uso de las pantallas. Entre fotografías, mapas o redes sociales, el móvil nos acompaña más que nunca, mientras que la luz azul que emite sigue sin formar parte de las rutinas de protección cutánea.












